
Learn to Lead: nadie nace siendo un gran gestor de personas
Ser un colaborador individual brillante no te convierte automáticamente en un gran manager — es una especialidad que requiere años de práctica y un deseo ardiente de aprender.
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Ser un colaborador individual brillante no te convierte automáticamente en un gran manager — es una especialidad que requiere años de práctica y un deseo ardiente de aprender.
Descubrí los principios de Ray Dalio sobre transparencia radical y ciclos de deuda, transformando mi manera de pensar sobre la toma de decisiones y la construcción de portafolios resilientes.
La visión de Rifkin sobre la tercera revolución industrial transformó mi forma de pensar sobre el cambio climático, los sectores de inversión y las decisiones cotidianas — y ofrece una hoja de ruta para el futuro de nuestra especie.
He aprendido que luchar con situaciones difíciles con clientes no es un suicidio profesional: es donde ocurre el crecimiento más profundo, y a menudo conduce a mayores logros después.
Trabajar en Japón, Australia e India me enseñó que el liderazgo eficaz no consiste en lograr que todos trabajen como tú, sino en adaptar tu estilo a cada persona.
Cuando tu equipo simplemente está de acuerdo con la persona más senior de la sala, no estás obteniendo las mejores ideas: estás construyendo una cultura en la que la gente deja de alzar la voz.
Me cuesta a diario escuchar de verdad en lugar de simplemente esperar mi turno para hablar—así es como hacer una pausa antes de reaccionar está cambiando mis relaciones en el trabajo y en casa.
Después de innumerables errores gestionando equipos, aprendí que la confianza, el respeto y la seguridad no vienen automáticamente con tu título: tienes que ganártelos o no tendrás una relación real.
Cuando el trabajo te empuja a convertirte en alguien que no reconoces, recuerda: ningún proyecto vale la pena perder una parte de ti mismo —aquí cuento cómo aprendí a sobrevivir.
Asumir la intención positiva transformó la manera en que manejo las decisiones desconcertantes en el trabajo: es el requisito previo para empoderar a los equipos y evitar la trampa del control centralizado.
Nadie nace sabiendo cómo gestionar personas, pero dominar la dinámica de equipo, la estructura y el desarrollo requiere mucho más que habilidades técnicas o actividades de team building.
He aprendido que ver el trabajo como una elección mutua—no como una obligación—transforma la forma en que gestionamos la presión, las largas jornadas y las relaciones difíciles, convirtiéndonos en mejores líderes.